Persiste el deterioro del agua que consumimos

En octubre de 2014 se cumplirá un año de la creación de la comisión presidencial para optimizar el servicio de agua, que debería rendir cuentas sobre su actuación. Este texto hace una revisión de algunos de los principales problemas y carencias que han caracterizado el suministro del agua potable en Venezuela en los últimos años.

Luis M. García P.

Está bajo sospecha la calidad del agua que consumen los venezolanos (Foto cortesía Pixabay)
Está bajo sospecha la calidad del agua que consumen los venezolanos (Foto Pixabay)

“El agua es vida”, rezaba el slogan del desaparecido Instituto Nacional de Obras Sanitarias, antecesor de lo que hoy conocemos como Hidroven, ente centralizador de las hidrológicas regionales en Venezuela. Para ratificar esta premisa, se realizaron en el país numerosas obras de saneamiento ambiental que incluyeron la construcción de acueductos, plantas potabilizadoras, el sistema Tuy, así como los embalses que permiten el tratamiento del agua cruda para convertirla en el agua potable que llega finalmente a nuestras casas.

Con este propósito, el Estado venezolano efectuó sustantivas inversiones que permitieron superar diversas enfermedades endémicas que padecía nuestra población como la disentería, la fiebre tifoidea, el temible cólera y otras generadas por la ingesta de agua sin el debido tratamiento. Adicionalmente, al líquido servido por nuestros sistemas de distribución se le incorporó una dosis de flúor, con lo cual se contribuía a la prevención de la caries.

Todo este esfuerzo del Estado, que se inició en los años 40 de la mano de las exitosas campañas antipalúdicas dirigidas por Arnoldo Gabaldón, y que se sostuvo durante las décadas de los 50, 60 y 70 del pasado siglo, comenzó a confrontar dificultades a final de los 70 y principios de los 80 en virtud de la confluencia de un conjunto de factores que incluyeron la creciente industrialización del país, particularmente asentada en la región central, así como el incremento sostenido de la población, lo cual condujo a que se rebasaran las capacidades de la infraestructura sanitaria instalada hasta entonces.

Como consecuencia de estos factores, el Lago de Valencia, conocido también como Los Tacarigua, que por décadas había venido reduciendo su caudal, comenzó a crecer, producto del vertido de aguas contentivas de desechos industriales y de las aguas servidas de la capital carabobeña. Todo ello condujo a un crecimiento del volumen de agua del lago, lo cual se constituyó en una real amenaza a urbanismos que se construyeron en las riberas del lago, como los ya célebres La Punta y Mata Redonda, en Aragua, continuamente inundados por el caudal del lago valenciano; todo ello sin contar la presencia de las aguas en el espacio que ocupa el viaducto de La Cabrera, a la salida del túnel homónimo.

A causa del crecimiento acelerado del caudal del lago, que compromete la seguridad de numerosos asentamientos urbanos tanto en Aragua como en Carabobo, las autoridades del extinto Ministerio del Ambiente dispusieron el desvío de las aguas del Río Cabriales, principal arteria fluvial de la gran Valencia, para lo que se hizo un trasvase a través del cual una importante porción de aguas residuales se dirigen al embalse Pao-Cachinche, ubicado entre el sur de Carabobo y el norte de Cojedes.

Esta medida ha sido insuficiente y el Lago de Valencia sigue creciendo, por lo cual se ha incrementado el volumen de agua trasvasado al embalse que, por otra parte, sirve como surtidor de agua a las poblaciones de los estados Carabobo, Aragua, Cojedes y parte de Guárico, todo lo cual suma más de tres millones de personas.

Amenaza que se extiende

Esta situación se ha venido agravando al punto que las plantas potabilizadoras Alejo Zuloaga y Lucio Baldó Zoules que filtran y purifican el agua proveniente del embalse Pao-Cachinche se han visto rebasadas en su capacidad procesadora. El embalse, a consecuencia del trasvase, trae del Cabriales y del lago una enorme cantidad de materia orgánica constituida por desechos sólidos, materia fecal, animales muertos, etc. pero, adicionalmente, el caudal bombeado al Pao-Cachinche posee un alto contenido de residuo de metales pesados, vertidos originalmente al lago por las numerosas industrias instaladas en su cuenca.

Ante esta alta concentración de elementos químicos contaminantes como plomo, arsénico, aluminio, fósforo y otros, poco puede hacer la cantidad de cloro que se agrega al agua para potabilizarla, al punto de que hace tiempo que el Ejecutivo admitió que la potabilización del agua del embalse carabobeño no puede hacerse por métodos convencionales, aunque hasta ahora no se emplea ningún otro procedimiento.

Por supuesto que este preocupante cuadro que amenaza la salud pública y afecta, sólo en principio a más de tres millones de habitantes de la región central del país, ha sido ventilado ampliamente en los diversos medios de comunicación, tanto del centro como del territorio nacional. Desde éstos se han hecho numerosos y sostenidos llamados de atención para que las autoridades adopten medidas que enfrenten las causas que generan el malestar de numerosas comunidades que reciben en sus hogares un agua con tono oscuro, sabor salobre o ácido y olor desagradable, pero la solución no parece estar a la vuelta de la esquina.

El problema además de grave, es de muy compleja solución y amenaza con extenderse al resto del país. Debido al exceso del volumen de agua del lago de Valencia, que tiende a superar la cota de 408 metros para acercarse a la cota máxima de seguridad, estimada en 412 metros, se inició un bombeo hacia el Valle del Tucutunemo en Aragua y al embalse de Camatagua, que surte al sistema Tuy que sirve a Caracas. En otras palabras, se disminuyó un problema redistribuyéndolo a más regiones.

De esta manera, los afectados por la dudosa calidad del agua ascenderían de 3 a 20 millones, con la incorporación las poblaciones de la gran Caracas, Miranda y Vargas.

Voces de alerta

Ante las constantes denuncias de la población, se constituyó en Valencia la Asociación Civil Movimiento por la Calidad del Agua, ONG que agrupa a ingenieros y otros especialistas que han motorizado una campaña informativa en la cual se han involucrado entes como el Colegio de Ingenieros de Venezuela, la Universidad de Carabobo, la Universidad Central de Venezuela y la Comisión de Ambiente de la Asamblea Nacional, entre otros.

El ingeniero sanitarista Manuel Pérez Rodríguez, miembro fundador del Movimiento por la Calidad del Agua y directivo del Colegio de Ingenieros de Carabobo, ha señalado que “inexorablemente el lago continuará en ascenso porque en los meses de lluvia la cantidad de agua es infinitamente superior a los 17,400 litros por segundo que pretendía sacar con el incremento del bombeo. Esta decisión tampoco tomó en cuenta –afirmó- la capacidad hidráulica de los ríos Patio y Pao, los cuales en verano, vierten un caudal de un caudal de 1.300 l/seg.  Artificialmente se les han agregado por las aguas servidas de los municipios Naguanagua y Valencia algo más de 6 mil litros por segundo”.

Todo parece indicar que los desbordamientos que se registran en la vía Valencia-Güigüe, así como en varios sectores urbanizados de Aragua y Carabobo obedecen a esta circunstancia. Pedro Escarrá, ex presidente del Instituto para la Conservación del Lago de Valencia, planteó que el aumento del volumen de líquido trasvasado del Lago hacia el Río Pao, estimado en cerca de 18 mil litros por segundo, lo cual triplica el bombeo de la actualidad sin el tratamiento adecuado, agravaría la situación precaria de los embalses que surten al Acueducto Regional del Centro y la contaminación en el Pao-Cachinche se extendería a la etapa 2 del Pao-La Balsa que abastece al estado Aragua.

Contaminación peligrosa

Para Raquel Hernández, asesora del servicio de la Subcomisión de Aguas de la Asamblea Nacional se está vertiendo más cloro residual en el Pao-Cachinche a fin de contrarrestar la contaminación por materia orgánica del embalse; no obstante, este exceso expone a la población a contraer otros padecimientos de salud como consecuencia de la ingesta de trihalometanos, que son compuestos químicos volátiles producto de la mezcla del cloro y la materia orgánica, lo cual se constituye en una suerte de veneno de acción lenta que afecta la salud de los ciudadanos. Y a esto debe agregarse la alta concentración no sólo de materia orgánica sino de metales pesados que se mantienen en el líquido.

El diputado del Consejo Legislativo de Carabobo, Germán Benedetti, sostuvo que la contaminación del Lago de Valencia obedece, en mayor medida, a las aguas servidas provenientes de Aragua, de la cual unos 3 mil litros por segundo se están enviando, a través del Tucutunemo, a La Mariposa y Camatagua, que sirven a la gran Caracas

La bióloga Yhilda Paredes afirma que si se iniciara hoy la recuperación del embalse Pao-Cachimche, al menos se requeriría de nueve años para su rehabilitación. Señala que “por la salinidad, el sulfato de aluminio no cumple su proceso, el cual se inicia con la atracción de partículas en suspensión que forman un grumo, lo que es llamado coagulación, y que debe estar seguido por la floculación y sedimentación. Esto no ocurre y el grumo se hace pesado, cae al fondo y se vuelve liviano y pasa entonces a filtración por reboce, y como los filtros no están en buen estado, se va y termina sedimentándose en nuestros hogares”.

Explica Paredes que “si dejas el agua en un recipiente, en el fondo queda ese sedimento amarillo, cuando éste debería quedar en la planta de potabilización y allí están las partículas que debiéramos retirar para que el agua sea potable. Ahí van las cianobacterias, el aluminio, nitrógeno y fósforo, todos elementos nocivos para nuestra salud”. Indicó que la consecuencia directa para la salud de los consumidores es que el aluminio residual afecta la parte motriz y el sistema nervioso, mientras que el nitrógeno y el fósforo son nutrientes para el desarrollo de cianobacterias que ocasionan daños a la parte hepática, nerviosa y la piel, en particular la dermis.

A estas advertencias se suma el resultado del estudio dirigido por la investigadora Lorena Benarroch, quien al frente de un equipo médico multidisciplinario logró establecer que la ingesta de agua contentiva de metales pesados añade un peligroso factor de riesgo de autismo en niños, conociéndose ya algunos casos concretos. El citado estudio ha sido expuesto en diversos foros patrocinados por el Colegio de Ingenieros de Venezuela y por sociedades médicas del país.

Una crisis generalizada

A la delicada situación generada en el centro del país, que se extiende como una metástasis cancerosa a los estados vecinos, se añaden otros problemas que comprometen la calidad del agua para consumo humano que se distribuye en todo el país. En los 4 puntos cardinales de la nación se reporta contaminación: en el Lago de Maracaibo, en el Caroní, y en oriente se generan problemas de diversa índole e incluso en Margarita, dependiente de tierra firme, las tuberías que llevan el agua a la isla sufren de numerosas fugas consecuencia de la corrosión y la falta de mantenimiento.

En el Zulia la contaminación y salinización del lago, aunada a la presencia de la bora y la lemna, han comprometido al principal reservorio de agua dulce de la región occidental del país. A ello se suman los sucesivos derrames petroleros en ese humedal, lo cual afecta la biodiversidad lacustre y, en especial la pesca y otras actividades económicas derivadas de la explotación sostenible del ecosistema. Este año, además, la capital marabina, como varias zonas del país, fue sometida a un estricto plan de racionamiento de agua.

En la región Guayana, según denuncia la ex diputada y activista del Movimiento Ecológico Venezolano, Pastora Medina, no hay una planta potabilizadora de agua. Además, hace varios años que no se realizan estudios de impacto ambiental particularmente en el río Caroní, afectado severamente por los derrames de fuel oil y otros combustibles. También desde hace mucho tiempo se viene insistiendo en establecer controles a la minería ilegal que vierte grandes cantidades de mercurio en los cauces fluviales. No es casual –sostiene Medina- que Bolívar sea la entidad donde se produce un alarmante repunte de enfermedades estomacales y virales, particularmente en la población infantil.

En la región oriental la contaminación de las aguas se agravó como consecuencia del desastre ambiental acaecido en febrero de 2012, cuando, como producto de un accidente en el complejo petrolero de Jusepín, estado Monagas, más de 80 mil barriles de petróleo fueron a dar al Río Guarapiche, fuente que nutre a la planta potabilizadora de San Vicente, o del Bajo Guarapiche, que sirve a Maturín y casi todo Monagas.

Este percance, además de generar la suspensión del servicio en un 60%, que afectó a más de 600 mil monaguenses, provocó un severo desequilibrio ambiental en la región, que malogró el caudal de otros cauces de agua como el Río San Juan y generó la muerte a miles de peces. En su momento, el Ejecutivo rechazó la denuncia sobre ese desastre ambiental y lo calificó como un accidente cuyas consecuencias fueron enfrentadas.

En ese contexto, la empresa Petróleos de Venezuela, responsable del complejo refinador de Jusepín, adelantó operativos de limpieza y recolección del petróleo vertido, el cual se desplazó a razón de 40 Kms diarios, a lo largo de al menos 140 Kms. de cauce fluvial. Según especialistas reseñados por medios de comunicación, se trató el desastre ambiental de mayor magnitud en los últimos 74 años.

A la espera de respuestas

En octubre de 2013, el presidente Nicolás Maduro anunció la creación de la comisión presidencial  para optimizar los servicios de Agua, dirigida por el vicepresidente ejecutivo Jorge Arreaza, e integrada por el entonces ministro del Ambiente, Miguel Leonardo Rodríguez, y los gobernadores Adán Chávez, de Barinas; Ramón Rodríguez Chacín, de Guárico, y Aristóbulo Istúriz de Anzoátegui, además del mayor general Herbert García Plaza, Vicepresidente para el Desarrollo Territorial. La comisión debería instrumentar el llamado Plan Nacional del Agua y, según el anuncio, superar las fallas en distribución y calidad del líquido que, según cifras oficiales, en 2011 llegaba al 80% de la población. Cuando se cumple un año de la medida, es de esperar que esa comisión rinda cuentas.

Información vinculada:

Crisis de calidad del agua empeoró durante el mes de mayo (Blog del Movimiento por la calidad del agua)

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