Un anónimo laboratorio viviente

La deuda que tenemos con él es impagable. Es difícil que podamos retribuirle sus favores. El servicio prestado cobra cada vez más interés. Nos quedaríamos cortos al decir que pasa de muchos millardos (en especies) su contribución como ser vivo inmolado día a día en pro del ser humano y de otros de sus congéneres.

Hugo Díaz Barroso

Ratón
Los roedores son utilizados en laboratorio por su semejanza genética con el ser humano

Este pequeño personaje que sirve de laboratorio viviente ofrece su parentela genética para permitir ensayos, estudios de comportamiento, acciones y reacciones a sustancias experimentales… en síntesis, este compacto y reducido laboratorio contribuye con su pequeño y frágil cuerpecito al descubrimiento de nuevas fórmulas medicinales, alojando en su estructura corporal un coctel de virus, bacterias, microbios, probando en su organismo las buenas o las malas que el investigador decida en aras de un nuevo descubrimiento: enfermedades, plagas, novedosos alimentos o medicinas en prueba. Él es realmente un héroe anónimo que todo lo prueba sin chistar, ofreciendo su cuerpo en sacrificio para el bien de la humanidad, y así proporcionar mejoras en la calidad de vida y hasta en la conducta de los humanos.

El diccionario lo define como: “mamífero roedor más pequeño que la rata y muy común que suele vivir en las casas…”,  pero el ratón de laboratorio, ese de ojos vivaces, de blanca pelambre, ese laboratorio viviente que ha recibido adiestramiento para viajar al espacio; ese inofensivo animalito que hace temblar al elefante, ese que enfrenta con arrogancia al humano que al verlo grita y corre despavorido; ese ratoncito es nuestro candidato al premio. Él es ese personaje que pasa desapercibido, que a pesar de sus méritos todavía no ha obtenido medallas ni trofeos en reconocimiento a su desinteresada entrega corporal por el bien de millones de habitantes del planeta, que no se imaginan lo que él hace.

Para su selección se escogen los ratones de una misma cepa pura con el fin de que tengan los mismos genes, lo cual facilita la medición de los diferentes tratamientos experimentales, fármacos, entorno físico, etc.

Nuestro personaje es familia de la rata, lo que, dicho en lenguaje coloquial, es una raya. Las ratas son francamente impopulares en general y se puede decir muy poco a favor de ellas: le amargan la vida a los campesinos y a las amas de casa; inspiran terror, pues tienen fama de transmitir toda clase de males y enfermedades; su currículum las coloca en todas partes del mundo y como buenos polizones abordaron las naves y recorrieron el mundo partiendo del continente asiático y, como todo buen marino, tocaron en todos los puertos del globo y fue así que, como inmigrantes ilegales, llegaron a América. Con su carga de gérmenes contagiaron a los hombres y a los animales domésticos, sembrando a su paso el terror de la peste.

Al Nuevo Mundo arribaron como inmigrantes de Europa pero originarias de Asia Central. Descendieron de los barcos y se propagaron por todo el continente y, a pesar de todos los esfuerzos, no ha sido posible liberarse de ellas.

Las ratas y ratones se multiplican prolíficamente. Sus pequeños crecen con tanta rapidez que es muy difícil frenar su reproducción. Los seres humanos y los ratones (ratones de laboratorio) compartieron su último antepasado común hace aproximadamente 60 millones de años.  La evolución del genoma de los mamíferos es relativamente conservadora. Si bien los seres humanos poseemos antepasados comunes con todos los seres vivos, el hecho de que los humanos y los ratones sean mamíferos euterios hace que tengan más genes en común que los que puedan tener otros animales.  El parecido genético entre las dos especies permite a los científicos comparar los genes directamente, lo cual les ha permitido encontrar decodificar las rutas, mecanismos y comportamiento de numerosas enfermedades que padecemos los humanos.

El ratón de laboratorio es un roedor de la especie Mus musculus. Él es actor principal en las investigaciones científicas. Su fenotipo está integrado por 40 cromosomas y suelen ser albinos, aunque no siempre es así.

El rostro amable

La figura del ratón se ha humanizado para convertirlo en actor principal en los dibujos animados. Miguelito (Mickey Mouse), creación de Walt Disney, ya cumplió 85 años (1928); Hollywood produce en 1942 los animados del Superratón (Mighty Mouse); mientras que con velocidad de rayo atraviesa la pantalla Speedy González, marcando el ritmo mexicano de su platicar. Otros roedores famosos con pretensiones de dominar el mundo son encarnados por Pinky y Cerebro, culminando con el chef de cocina Ratatouille.

Como podemos apreciar, el ratón está presente en el cine, en la televisión y en nuestra narrativa, como en los relatos de Ratón y Vampiro y en el tradicional cuento de la Cucarachita Martínez en el cual el Ratón Pérez se cayó en la olla y la Cucarachita Martínez “lo siente y lo llora”.

Es muy posible que los ratones artistas consigan primero un Oscar o un Globo de Oro antes que nuestro héroe, el ratón de laboratorio, ese tímido y valiente animalito que se sacrifica por el bien de otros y se proyecta como irreemplazable, siendo el más pequeño de la partida, pero creciendo como la figura de un coloso que deja obra y ejemplo. Aún así, es difícil que en algún momento este benefactor reciba algún premio, un trofeo o una medalla para retribuirle todo lo que hace por la humanidad. ¡Salve, oh, ratoncito de laboratorio!

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