Se cumplen 101 años del nacimiento de quien fuera pionero del periodismo científico en Venezuela e Hispanoamérica y una figura central para el reconocimiento en lengua española de una especialidad periodística en la que no dejó de trabajar hasta el último minuto de su vida.

Hoy recordamos y conmemoramos el nacimiento de quien fuera también fundador del Círculo de Periodismo Científico, con un extracto del prólogo que el también periodista y escritor venezolano Miguel Otero Silva redactó para el libro La ciencia Amena, publicado en 1973, que recopilaba algunas de las legendarias columnas que Bastidas publicó durante más de veinte años en el diario El Nacional:
«Si algún caso laudable de periodismo vocacional y adiestramiento autodidacta he visto nacer, crecer y echar raíces es el de Arístides Bastidas, autor de estos trabajos y compañero mío en la noria de la noticia durante más de veinte años.
«Sus antecedentes juveniles no envolvían ningún presagio próspero. Arístides Bastidas era uno de tantos muchachos venezolanos, nacido en San Pablo de Yaracuy, que trabajaba por el día de loquero en un manicomio y por las noches concurría a una escuela donde completaba su instrucción primaria.
«Fue reportero de sucesos policiales (o de lo que cayera) en la etapa primordial y pionera del moderno periodismo venezolano. Y se descubrió finalmente a sí mismo en 1953 cuando decidió consagrarse en cuerpo y alma a una rama de nuestro oficio poco menos que desconocida en Venezuela: el periodismo científico.
«Escarpado fue el remonte para quien no había pasado del primer año de secundaria. Al principio no daba pie con bola: la ciencia era una nebulosa inaccesible; le entraban ganas de volver a reseñar crímenes y estafas. Pero luego descubrió en el estudio una linterna eficaz. Se metió de rondón, por su cuenta y riesgo, en las bibliotecas politécnicas; se abonó a revistas especializadas; escuchó atentamente lo que sus entrevistados ilustres decían y le aconsejaban. Y al cabo de pocos años se desenvolvía en los atascaderos de la información científica con destreza poco común.
«Entonces la humildad de su origen y el subjetivo esfuerzo de su formación educacional se convirtieron en sus mejores auxiliares. Ambas circunstancias no le permitían apartarse del lenguaje corriente aún cuando se enfrentaba a los temas más doctos, ni le permitían abandonar la llaneza y el humor que son características esenciales del pueblo, de nuestro pueblo. Tal vez sin proponérselo creó un estilo propio, nunca chabacano ni banal, pero sí natural, ameno y comprensible».


